Nº 04 · Estilos
Encontrar vuestro estilo decorativo
Los estilos son una brújula, no una cárcel. Casi ninguna boda encaja al cien por cien en una etiqueta, pero ponerles nombre ayuda a hablar con proveedores y a descartar con rapidez lo que no os representa. Estos son los que más nos piden en la provincia.
Mediterráneo y luminoso
Blancos, crema, verdes de olivo y toques de azul o terracota. Mucho lino, madera clara y flores de aspecto silvestre. Funciona de maravilla en la costa y en las bodas en la playa de la Costa del Sol, donde conviene que la decoración sea ligera, resistente al viento y no compita con el paisaje.
Rústico elegante
Mesas de madera, vajilla con carácter, velas, ramas y flores recogidas con aire natural. Es el estilo de las fincas, los cortijos y los patios, y se lleva bien con colores cálidos. Su dificultad es mantener el equilibrio: sin cuidado, lo rústico se vuelve recargado, y con demasiada pulcritud pierde la gracia.
Clásico atemporal
Rosas, peonías, hortensias, mantelería fina, cristalería y candelabros. Una paleta contenida y composiciones simétricas, muy apropiado para salones y palacetes. Es el estilo que menos envejece en las fotografías.
Minimalista y contemporáneo
Pocas flores, bien elegidas, en jarrones de líneas limpias; mucho espacio libre y protagonismo de la luz. Pide un espacio con personalidad propia, porque cada pieza queda expuesta.
Romántico y boho
Hierbas de pampa, flores secas combinadas con frescas, macramé, telas vaporosas y tonos empolvados. Muy agradecido en ceremonias al aire libre, con la condición de cuidar el viento y la humedad.
Paleta de color: cómo no equivocarse
Una paleta funciona cuando tiene un color dominante, uno de apoyo y un acento. Sirve de poco listar seis tonos distintos: lo habitual es que acaben en un ramillete confuso. Conviene probar la combinación con luz natural y con luz de noche, porque un rosa empolvado a las seis de la tarde puede parecer gris a las diez. También es buena idea pensar en el mantel, la vajilla y la papelería a la vez que en las flores, para que nada desentone al juntarse sobre la mesa.
Otro consejo práctico: llevad al florista una fotografía del vestido, una muestra de tela de los trajes y, si ya la tenéis, una imagen del espacio. Con esas tres referencias se evita la mayoría de malentendidos y el diseño sale mucho más ajustado a la realidad.
Si tenéis dudas entre dos estilos, lo mejor es mezclar con criterio: un fondo neutro, un color protagonista y un material que se repita en todo el evento.