Nº 08 · El día del evento
Lo que vigilamos mientras se sirve
Cuando empieza el servicio, nuestro papel es discreto pero constante. Hablamos con el jefe de sala, vigilamos que los platos especiales salgan primero y comprobamos que los discursos no coincidan con el emplatado de un principal. Coordinamos también con el resto de proveedores: la música baja cuando entran los platos, el equipo de fotografía y vídeo sabe cuándo es el mejor momento para captar el brindis y el DJ espera nuestra señal para el baile.
Según el lugar, el reto cambia. En una finca o cortijo importa la logística del traslado de comida y la temperatura; en una bodega de la Serranía, la distancia a la cocina; en la playa, el viento y el sol. Lo hemos visto en bodas en la playa de la Costa del Sol y en bodas en Ronda, y en cada caso el plan se adapta al terreno.
- Antes del servicio: comprobamos que la cocina está montada, que el personal conoce el plano de mesas y que los platos especiales están identificados.
- Durante el cóctel: controlamos que haya suficiente producto en circulación y que las opciones sin alérgenos estén bien señalizadas.
- En el banquete: seguimos el cronograma con cocina y sala, ajustando según el ritmo real de los invitados.
- Al final: revisamos la barra, la recena y la recogida del material, y cerramos incidencias antes de que se vaya el equipo.
Una última cosa que cuidamos es la bebida, que forma parte del menú aunque se suela decidir aparte. Pactamos con el catering qué vinos, cervezas, refrescos y opciones sin alcohol se sirven, en qué momento se abre la barra y qué ocurre si el evento se alarga. Una buena opción sin alcohol, bien presentada, es un detalle que los invitados agradecen más de lo que se dice.
Y después del evento, cerramos el círculo: repasamos con el catering qué funcionó y qué no, recogemos las incidencias si las hubo y comprobamos que la factura coincide con lo pactado, incluidos los comensales finales y los servicios extra. Es un trabajo poco vistoso, pero evita malentendidos y deja una relación sana con un proveedor con el que probablemente volvamos a trabajar.
Pedid siempre un contacto directo en cocina y otro en sala, con teléfono. En un evento grande, saber a quién llamar ahorra muchos minutos.